domingo, 6 de enero de 2013

Padre Nuestro... la oración maestra por excelencia


La Oración del Padre Nuestro

Por: Rodrigo García Jáuregui
(Religioso de la Sociedad de San Pablo. Ha cursado los estudios de  filosofía y Lic. En Ciencias de la Comunicación)

Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos». Él les dijo entonces: «Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación». (Lc 11, 1-4).

Tenemos la dicha de tener una de las oraciones que hablan por sí mismas como camino de santidad, porque es donde Jesucristo se queda como ejemplo de vida para cada uno de nosotros, el compromiso es personal, porque vivir las enseñanzas del Padrenuestro, sí que es algo serio y de mucha responsabilidad ya que nos confronta con nuestro ser íntimo, aquel que escondemos y que algunas veces no queremos ni ver nosotros mismos, lógicamente es como vernos en un espejo donde minuciosamente nos damos cuenta qué calidad de cristianos somos, y si verdaderamente nuestras palabras coinciden con nuestros actos.

Para profundizar más sobre esta oración ofreceré una breve explicación de su amplio significado que nos hace partícipes del Padrenuestro.

Padrenuestro… Cuando nosotros tenemos la humildad y la confianza en el Padre podemos derrumbar las fronteras que limitan nuestra comunicación con el rostro humano de Cristo que se presenta en todas las personas que él nos pone en el camino. Necesitamos reconocer los errores que cometemos como hijos, ya que nuestro Padre es quien siempre está al pendiente de nosotros, qué amor más grande del Padre que entregarnos a su Hijo.

Que estás en el cielo… Hablar del cielo no es hablar de un espacio-temporal para Dios, porque para Él no hay límites, de manera que el cielo lo podemos comparar con el infinito, de la misma manera es su amor, aunque tenemos la serenidad de saber que Dios se encuentra tan cerca de nosotros, pues todos lo podemos sentir cuando entramos en oración profunda para dejar que hable en nuestros corazones y así podamos sentir una paz profunda que sea transmitida con la propia vida.

Santificado sea tu nombre… Siempre pedimos a Dios que nos ilumine para poder comprender su mensaje, y lo reconocemos como Santo y como Padre, son dos títulos que le atribuimos por su excelencia y le pedimos que nos de los elementos necesarios para acercarnos a Él. Su amor es grande, pero debemos saber que sus planes no son como los nuestros porque tiene el poder para transformar los corazones que se han hecho duros por diversas circunstancias que la vida misma le presenta a cada persona, cambiarlos en corazones sensibles a la llamada de Dios; y así encaminarse a la santidad, para ello existen algunos ejemplos de vida de hombres y mujeres santos, nosotros, hoy día debemos seguir trabajando por asimilar nuestras vidas a la de Cristo.

Venga a nosotros tu Reino… Cuando dejamos que Dios entre en nuestras vidas, todo se torna más fácil, pues le pedimos que nos libere de los pecados al reconocernos frágiles y por eso suplicamos que reine en nuestro corazón para dejar lo pasado y comenzar lo nuevo en el presente, pero ante todo reconociendo que el único rey digno de gobernarlo es Jesús.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo… Para poder entender la voluntad del Padre debemos escuchar su voz en la oración. Excluimos a Dios de nuestras vidas, lo creemos conveniente y nos manejamos por las nuevas ideologías que nuestros tiempos ofrecen a la humanidad, donde más fácilmente podemos caer en el relativismo. La mejor manera de encontrar la felicidad es confiar en Dios, y eso implica aceptar en nuestra vida a Cristo tanto en los momentos difíciles como en los alegres como la única forma de crecimiento en la fe, todos sabemos que si le pedimos cualquier cosa con fe él nos dará justo aquello que necesitamos, aunque no sea lo que le pedimos.

Danos hoy nuestro pan de cada día… Cuando pensamos en esta frase, a más de alguno de nosotros nos llega a la mente el pan físico, pensamos rápidamente en la crisis económica; esto es síntoma de una pobreza que es cada vez más notable: la pobreza espiritual. Pues en la Eucaristía es donde Cristo nos espera a diario para hacerse presente en nuestra vida, lamentablemente nos encontramos con templos cada vez con menor asistencia, y quienes asisten son solo personas de la tercera edad. Falta recordar que todos somos Sacerdotes, Profetas y Reyes por el hecho de ser bautizados, y debemos fomentar entre nuestra familia la asistencia a misa al menos los domingos para hacer viva la Eucaristía y llenar nuestra vida interior de armonía.


Perdona nuestras ofensas… “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo” (Lc 15, 18-19). Padre perdóname por las muchas veces que no he sido comprensivo con la gente y la juzgo según criterios mundanos, te pido que me des la sabiduría, inteligencia y prudencia necesaria para reconocer todo aquello que opaca la forma de relacionarme con las personas con quienes convivo a diario, sé que el arrepentimiento acompaña mi petición del perdón.

Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden… Para pedir y dar perdón se requiere humildad, reconocer los propios errores es un paso importante, es reconocer mi separación de Dios, de los hermanos y amigos con quienes he tenido alguna incomprensión. El arrepentimiento es elemental en la vida, la conciencia reclama los actos malos que todos hemos cometido, algunas veces se llega a la tristeza, otras veces incomodidad consigo mismo por haber cometido errores, pero lo que nos hace sentir bien es saber que el Padre siempre nos espera con paciencia para encontrarnos con él en los sacramentos, propiamente en la confesión.

No nos dejes caer en la tentación... “Velad y orad para que no caigáis en la tentación” (Mt 26, 41). En la vida cotidiana nos enfrentamos a muchas tentaciones, donde se ponen a prueba nuestras capacidades de elección, la oración es como una balanza para equilibrar nuestros actos; no podemos hacer todo lo que se nos antoje, debemos esforzarnos cada día por ir puliendo nuestros defectos personales para así llegar a obtener las máximas riquezas y gracias que Dios nos ha prometido.

Y líbranos del mal... “No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno” (Jn 17, 15).
Amén... Es decir: Así lo creo, así lo espero confiadamente y de todo corazón como tú lo prometiste.

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En oración

Muchos saludos en estos momentos en que estamos viviendo El el tiempo del adviento.