Encomendémonos a la bienaventurada Virgen María, para que por su intercesión seamos cada vez más conscientes de nuestra dignidad de hijos de Dios, y seamos dóciles a su palabra como ella fue dócil a la voluntad divina.
Doy la más cordial bienvenida a los seminaristas que ingresan al seminario en este día. Que felicidad ver a sus familiares que los traen y verlos a ustedes con que ilusiones inician una nueva etapa en su formación. Dios los bendiga abundantemente.